
Jose Antonio Afonso, Segment Marketing Manager de Eaton Iberia, explica en esta tribuna cómo la IA y los enfoques modulares redefinen la gestión energética en data centers, optimizando eficiencia y seguridad.
El modelo tradicional de data center “ha alcanzado su límite de espacio”. Según el World Economic Forum, la cantidad de datos que se espera que se creen, capturen, copien y consuman en todo el mundo para este año es de 181 zettabytes. Casi tres veces más que en 2020. Esta sobrecarga de datos, combinada con el consumo energético masivo, presenta un reto para la infraestructura energética global.
Mientras que el consumo energético siga batiendo récords históricos y las infraestructuras que conocíamos no puedan responder a las necesidades del mercado, la demanda de datos seguirá creciendo de forma exponencial. Así, para evitar el colapso, es necesario evolucionar hacia un diseño de centro de datos adaptable, capaz de hacer frente a estos desafíos de manera óptima, sostenible e inteligente.
En este sentido, la adopción de la inteligencia artificial y los enfoques modulares y flexibles han emergido como soluciones clave y efectivas para optimizar el rendimiento, marcando un punto de inflexión en la gestión de la energía y los recursos.
No obstante, incorporar estas tecnologías por el simple hecho de innovar no es suficiente. Invertir en soluciones inteligentes que mejoren de manera tangible la eficiencia y reviertan las estadísticas sin comprometer la seguridad ni la sostenibilidad es lo que marcará la diferencia. De ahí la importancia del “cómo” se implementa.
Un enfoque de data center basado en la modularidad y en IA
En la industria energética, un enfoque modular permite construir infraestructuras escalables y optimizadas en función del consumo energético real. Abarca una nueva perspectiva que consigue distribuir cargas de datos de manera más equilibrada y controlar los fallos que puedan surgir en el sistema sin necesidad de sobredimensionarlo.
El enfoque modular, en lugar de necesitar de más instalaciones para prever picos de demanda y energía, permite que las empresas amplíen sus recursos de forma progresiva, ajustándose proactivamente a las necesidades del momento. En otras palabras: un consumo eficiente e inteligente.
De este modo, la combinación de la inteligencia artificial con un enfoque modular permitirá reducir tanto el desperdicio energético como la huella de carbono. Dejar atrás las estructuras rígidas y contaminantes en favor de soluciones más flexibles y adaptables que reduzcan el impacto se convertirá en una necesidad lógica.
La inteligencia artificial tiene la capacidad de adaptación y mejorar su rendimiento con el tiempo gracias al aprendizaje continuo, el ajuste de parámetros y el entrenamiento reforzado. Sin esta capacidad, los data centers seguirían funcionando con configuraciones predefinidas, desperdiciando recursos en momentos de baja demanda y enfrentándose a sobrecargas en momentos de alto consumo.
Por lo tanto, no solo tiene el potencial de mejorar el rendimiento y la eficiencia, sino que también prolonga la vida útil de los equipos energéticos mientras impulsa la sostenibilidad y el impacto medio ambiental de la industria.
El factor de la ciberseguridad
Hay un ángulo que no podemos dejar a un lado: la ciberseguridad. La sofisticación de los ataques cibernéticos con el auge de la IA permite a los ciberdelincuentes diseñar amenazas mucho más complejas y difíciles de identificar. España es el quinto país con más ataques de ramsomware a nivel mundial, lo que subraya la gravedad del riesgo en nuestro territorio, siendo la industria energética uno de los sectores más afectados. Con la cantidad de datos que se generan hoy en día, protegerse de estos ataques es más importante que nunca.
En este contexto, no podemos considerar este punto como un componente secundario cuando, literalmente, es una cuestión de supervivencia económica, operacional y del sector. Y aquí es donde los PDUs juegan un papel clave. Su desarrollo inteligente permite el monitoreo remoto, el control de los usuarios en el acceso y la detección de anomalías en tiempo real que permiten mitigar los riesgos.
Estos dispositivos permiten identificar patrones de consumo sospechosos, detectando actividad maliciosa, como ataques dirigidos a infraestructuras o intentos de sabotaje energético. Teniendo en cuenta esto, y ante la complejidad de los ciberataques, la capacidad de respuesta tiene que ser más inteligente que la de los atacantes. Respaldada siempre por una inteligencia especializada que pueda ofrecer una respuesta rápida ante las amenazas emergentes.
El sector del data center se encuentra en una fase de transformación profunda impulsada por el crecimiento en el consumo de datos y el impacto ambiental del consumo energético. La rigidez de los modelos tradicionales ya no son una opción viable en un mundo donde la demanda de datos es impredecible y la eficiencia energética es prioritaria. Tiene que evolucionar y ser un modelo inteligente y seguro.
Por ello, apostar por la IA, los enfoques modulares y la protección cibernética de las infraestructuras, es una mejora técnica y una necesidad estratégica sostenible. Aquellos que adopten estas soluciones no solo estarán respondiendo a los desafíos actuales, sino que se posicionarán como líderes en la creación de un futuro más eficiente, autónomo y seguro.