Con estos árboles, los jugadores pueden configurar la velocidad en la que quieren que crezcan y la textura que tendrán.
La compañía asegura que la iniciativa “es una expansión del programa de Dell, Planta un árbol por mí”, en el que los compradores de ordenadores pueden elegir pagar dos dólares extra para plantar un árbol y librar así a la tierra de los efectos del CO2. Muestra también la intención de Dell de utilizar Second Life “como una forma de explorar nuevas formas de relación con los clientes y aprender nuevas formas de interactuar con las comunidades virtuales”.
Más allá de los motivos de marketing, la iniciativa no tiene nada de ecológica, porque plantar un árbol en Second Life no ayuda a nadie, salvo a los que quieren apuntarse a la moda de “Una verdad incómoda”. De hecho, plantar un árbol virtual no hace sino incrementar la demanda de servidores de Second Life, incrementando por tanto el consumo de energía y aumentando la huella ecológica del mundo virtual.
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vINQulos
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